Ver a los Rolling desde un lugar más pavo

 

La mirada particolare de un cronista que, desde el vip de la cancha, vivencializó entre famosos medio medio pelo y tragos al tono a las canciones de estos veteranos

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Foto: Gentil/Goy

¿Qué podemos remarcar del vip de un show a puro rock? Todo. En este caso justo justo, un towncar estilo Devil Wears Prada como dijo y de verdad no mentimos un perioidista de un matutino afecto al partido militar, pasó a retirarnos por la exclusiva puerta de nuestro dos ambientes, y eso ya es motivo más que acabado para ir hasta La Plata, que está lejos sin preocupaciones automovolísticas, o sea vehículo pero mal dicho. Dato de color pantone: los Rolling, ellos mismos que tienen un mango, con el grupo Halcón atrás que podría haber estado laburando de otra cosa en ese momento, iban ahí adelante marcandonos el paso, por lo que la movida se hizo más leve de lo habitual.

Para aquellas personas o sea todas que poca vez logran entrar a un vip, la sensación de estar del otro lado de cinta o valla o pato vicca mirando al resto de los mortales de reojo apretujados, mientras se imaginan comó garcha hizo uno para estar ahí dentro (si es algo famoso, si labura de algo más o menos relevante, si es amigo de sus amigos, si se coló o si si o no), puede ser uno de los grandes momentos de verdad de toda su vida (es un imaginario medio bobo, pero muy muy real). Pero, ojo, para los que laburamos a sol y sol, en parte, de estar justamente dentro de un vip rompiendóle la bola a celebridades, nos importa lo siguiente: ¿está buena la de la barra? perdón está buena la barra, quién hizo los catering, el nivel de famosos que aportaron face (¿trajeron a Susana, a Torales, a Marcelo, a las pibas de Marcelo, o no hay guita y trajeron nada más a la novia de algún famoso en plan it girl con devaluaciones?) y el confort de los sillones alquilados por algún ambient de moda.

Salvo excepción contabilizada: imagino que estar en el vip de la fiesta de Vanity Fair de los premios Oscar(TM) debe ser una experiencia inolvidable, pero como el evento es medio lejos, aunque no tanto (en terminos geográficos y por cosas que ni idea de las castas del showbizz con dos z mundial) no vale la pena soñar despierto con algo de esa tesitura o escribir al pedo total toda esta nota es al pedo desde el vamos argentina. La otra excepción que es algo apenas un poco un toque more real, incluso para quien no tiene un mango ni fama ni es un periodista que se dedica a chismear sobre gente con mango no la marca de moda y celebrITies, son los vip de show.

Estos espacios, cada vez más comunes desde hace como veinte años en los grades recitales de rock and roll a todo volumen, atraen tanto a los que nadie juna o wallabies como a las celebridades que se cansaron de tanto evento vip al que van por una pilcha o un fonelli celular, por un cachet de 20000 mangos de los viejos con factura C o por la foto que chivea, depende del estato de cada uno o una. ¿Razón? Los vip que también son personas what about my feelings, a diferencia de los otros, son funcionales a alguien. Muy. Si no sos una bloguer medio pelo que fue invitada de orto, se puede ir a este alfombrado garpando unos mangos más en el asunto, o sea via entrada impresa, siendo cliente de banco (que auspicia el recital) o laburando de perioidista, eso ya lo dije pero repito.

Ya en el vip, todo fue magia: las hermanas Ortega Tinelli posando para flash y una enorme barra con tragos de estilo rock stones (Start -short para largar-, Satisfacción -Campari, cucumelo, piscos, gin, toronjella, espuma de limón y unas perlas-, Simpatizante -tomate, cebolla, ahumado, vodca, jugo de Lima no Incaa, picor y flores saladísimas-, por citar algunos ejemplos porque no había más en la carta de autores) que dice hola.

En el medio del kilombo, una DJ calienta el aire con temas de los Rolling (poné otra cosa) en remix, que si los metés al mismo tiempo que el ferné que no había nos hacen tirar paso de baile (timiditios, obvio, porque faltan como 2h para que JaggerMaister y sus tipos nos lleven al delirio aunque es más que nada luz y pantalla).

Este vip, este mismo, es impresionante por algo de esencia: está en lo más alto del estadio, como 3m y monedas, por eso es una Torre De Control transparente y a puro vidrio desde donde (no uses nunca desde pegado a donde nos explicaban en Taller de Periodismo en la UBA) se accesa en lo visual a paneo 1080 grados de todo lo que pasa en escena y alrededor, o sea cerca de la casa de Lo Corbusier, 8km al norte del lado de la sombra.

Te mareás, pero la sensación no tiene precio, y no garpamos un peso. Abriendo las puertas de vidrio y hermetizadas de la torre, el estadio es pura carne y está cara: 55.000 pax aregan Ohhh, vamo Stone, Ohhh, los Stone, ohhh, ohhh.

Allá, con emoción, el jugador Osvaldo y Varsky (se lo cita en canción de Zambayonny) toman videos en panorama con sus smart phone Nokia, mientras Adrián Suar y Grisel observan todo medio embobados, aunque eso, justo eso, no lo pudimos observar, fuera. Cambio.

Están en privilegio, porque en lugar de esperar a Little Stone y sus jeans haciendo, otra vez, Colas, para comprar un choripán entre la turba allá abajo, degustán acá en las alturas un riquísimo morfi con embocado de salmón, langostino en pan de miga, fritatta de verduras inexplicables, las tan de moda (nosotros solos lo comentamos en otra oportunidad pero no aparecieron más) minihamburguesas y molleja frita.

Todo lo que hay en vip de los que están bien, todo eso que los perioidistas y celebrities que siempre estamos morfando y chupando de arriba evaluamos -o chusmeamos, en honor a la verdad ocultaban- mientras le damos duro a las observaciones. Ojo, desde ya, perdió toda imporancia cuando el DJ Set de la DJ se borró, hubo minutos de silencios, y la guitarra de Richard largó a sonar con los acordes rollinga, ah no estos eran los de en serio. Fue ahí que dejamos el cristal por donde lo ves, corrimos a gradas y eufóricos vimos que apareció Jaggers sobre escena.

Entonces bailamos, gritamos, hicimos gym, nos agachamos, pegamos un saltito, nos alegramos muy vip y se cerró todo con cientos de mozos saliendo a las gradas con champán para brindar por ese momento sin parangones y ser testigo de, mirá, la última visita de los Stone a Argentina. Al final, viejo, lo que pasa en vips podría al final ser tontería de endogamia donde protofamosos y “gente del medio” prefiere mirarse y preguntarse quién es quién más que pasarla bien en un lugar medio choto. Cuando los Stone largan a sonar, el resto de lo que sería famoso se apaga. Eso es gratis.

Un tour más argento que el sur

Los Stone hoy tocan de nuevo y llenaron, aunque parecía que no vendían mucho eh, después van a Uruguay y después al Brasil con caipirinhas. En esos países, como en Chile donde fueron a comerse unas machas, la banda de Ron no bebida hará solo un shows.

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