Dos jornadas a puro jugo y lounge

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¿Nos vamos a acampar? No, nos vamos de carping. No tenemos la menor menor idea de quién creó esa palabra tan apropiada, así de una, para montarnos en este tren o trend. Pero en pleno lunes (día de semana, es laboral informa el gremio) decidimos lanzarnos a lo sauvage, y no se trata de un estilo de pelo y makeup. El comienzo resulta venturoso: Camilo de Muelle Bar nos recibe en un sintético ambiance con muy bajo nivel de infraestructura, que se encuentra cerca de la ruta interbalnearia, previo abono de peaje con tarjeta magnética. Con un pequeño pony que prestó “de onda” Tante Puppi, un jugo para degustar (sabor naranja nomás), y dos churros de Mr Bajón, ¡la tarde está al caer! Llega un poco tarde la tarde.  Quienes nos atrevemos a montar formamos parte de una postcard perfecta, tomados de la mano de un grupo de influencers con finger food entre los dedos, tan preparados a vivir esta fiesta del chivo que promete combinar nature y dispositivos. Se cortó la luz.

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Al llegar a la carpa principal (o techos galpones tinglados) la tradicional disco Sunset ya estaba cerrada y nadie podía inaugurarla de nuevo. La música, incandescente, salía de un PC con mp3 comprimidos y a volumen máximo. Era Pato C, por supuesto, y sus maravillosos tunes. Dos chef recién egresados del IAG preparaban, iluminados por lanterns y sus propios celulares sin señal, mini palos de jacob y fricassé de verduras de otra estación. Además, “deliciosos choripanes boutique” como publicaron realmente y sin aditamentos ni modificación en un diario argentino. A pocos metros de allí, pero a merced de las pirañas y los cocodrilos dundee, rodeadas por tundra y barro, enmarcadas en luces de una antigua kermés, se encuentran nuestras tiendas. Están decoradas por Tersuave, tienen dos bolsas de dormir de nylon 100% cada una (con colchones de fieltro), una mesita de luz -con velas, pelente, agua del grifo y un Poett vencido-, varios kit de supervivencia life is life, y una mochila con sorpresa: la cámara retro Pupilent Voss. Antes de dormir, un mate manchado (bautizaron mapuchino) con la forma de un gato mascota, delineado por barchistas, con agua caliente o a veces tibia de un Thermos que trajeron del Brasil en forma de bagayo. O sea: sin pagar “aduana”.

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Nos invitan a pasar al casco de la estancia lodge en una travesía por el campo con poca luz de farol y linternas sans pilas. No se veía casi nada. Allí nos espera un inmenso cool music fire en el que Miguel “Conejito” Alejandro interpreta a viva voz sus temas propios. En el espacio de fuego, no estaba acompañado de su guitarra sino solo. Brilla una simpática pulpería en donde el único chef que está sobrio sirve el plato principal: arroz con pollo. Dos amigos le agregan queso que trajeron pero no se puede. Es tiempo de la suelta de perros hambrientos, espectacular por donde se la mire. Todos huyen despavoridos y se pierde el control de la situación hasta que reina la calma de nuevo sin razón. Una srta. fue mordida.

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Al terminar, volvemos a la zona de tiendas carping porque se proyecta La Carpa Del Amor en un improvisado movie cinema con camastros. La laptop encargada de pasar el filme tenía poca batería así que la mitad de la película quedó sin exhibirse pero a nadie le importa un comino a esta altura. Después, a dormir bajo un tul antiinsectos con el silencio profundo de la noche vacía.

La mañana de resaca nos halla desprevenidos. Vibran sesiones de masajes, reflexología, happy pressing y otros asuntos de dedos. No faltó la oportunidad para hacernos un mimo para el cuerpo y el alma, y fue con un salad massage, hechos con dressings o a veces plain, sin textiles. Al borde del tanque australiano. Inmejorable pero con agua estancada. Como es un carping y no un camping, los invitados salen de sus tiendas arreglados con ropa de salir y un pañuelo en el cuello porlas. El PR y relacionista Orland Reinoso, con un vaquero achupinado y remera-maillot, mientras que la joven diseñadora María Mónica emerge de su sueño liviano con un ajustadísimo solero que no precisa itálica.

Quienes nunca habíamos hablado sobre caffés de New York, ni entendimos jamás qué quiere decir aspiracional, pensamos que al final no está tan mal pasar una noche en contacto con la naturaleza, ver animales vivos y frotarnos pasto fresco por la nuca. ¿Así cualquiera? Sí. Fue cualquiera.

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